Tres amigos, un libro y un viaje

Mala huida-un libro y un viaje

Mala huida

Cuando Ángel salía de casa para encontrarse con sus amigos, después de estar un rato leyendo su libro preferido, el reloj apenas marcaba las tres y cuarto de un viernes por la tarde. Como tantas veces en verano, quedaban para encontrarse en el bar y hacer planes, pero ese día no terminó como Ángel pensaba. Normalmente, esas tardes de julio apenas terminaban con alguna cerveza y un “hasta luego”, pero no esa.

En verano, algunas decisiones se acaban tomando por impulso. El calor, esas largas tardes y las vacaciones dan mucho juego. En esa ocasión, todo empezó con una simple, y alocada, propuesta.

–Hace mucho tiempo que no vemos a Antonio. Desde que se fue a vivir a Francia, nuestro grupo ya no es lo mismo.

–Es cierto, un día de esos tendríamos que hacerle una visita. ¿Os imagináis que nos fuéramos a vivir a Marsella?

Luís era de esos que siempre sueltan ideas sin pensar, quizás no fuera consciente de lo que decía. Era un chico rebelde, el menor de cinco hermanos que nunca se sintió demasiado parte de esa familia.

–¿Pero tío, que dices? ¿Te has vuelto loco, o qué?

–Anda Ángel, no seas cobarde. ¿Creía que tenías ganas de vivir aventuras?

–Aventuras, si, pero lo que propones…

–Venga tío, no te lo tomes tan a pecho. Podríamos decir que nos vamos unos días de vacaciones, tampoco se trata de quedarnos a vivir ahí.

–Jose tiene razón, hagamos unas vacaciones a nuestro aire. Vamos a visitar a Antonio, y luego ya veremos.

Al final, ese carácter más conciliador de Jose es el que terminó por convencerle. No había nada de malo en unas vacaciones, pero tomar esa decisión no fue nada fácil, aunque sólo fueran unos días haría falta llevarse algo de ropa, había que prepararlo todo. En casa había que dar una excusa creíble, luego el tiempo ya diría.

Junto a su equipaje básico de supervivencia, Ángel se llevó consigo un ejemplar de Las aventuras de Tom Sawyer. Era un libro al que le tenía mucho cariño, sus padres se lo regalaron por su duodécimo cumpleaños, con una dedicatoria muy personal en la primera página:

«Para Ángel, nuestro hijo más aventurero, 23 de abril de 2008»

Ya estaba todo listo, abrió el maletero y dejó ahí su equipaje. Luego, cuando subió al coche y puso la llave en el contacto de aquel humilde Peugeot 405, un viejo cacharro con un puñado de años encima, no quiso arrancar a la primera. El chico sólo tenía veinte años, en casa no había dinero para muchos lujos, y menos aún para un coche nuevo. Puede que si aquél automóvil no quería ponerse en marcha ya fuera una señal, al principio él no estaba convencido de hacer ese viaje, no parecía muy buena idea eso de huir. Pero también podían volver pasados unos pocos días, al fin y al cabo se trataba de irse de vacaciones. Tres amigos, un libro y un viaje. ¿Qué podía salir mal?

Primero pasó a buscar a Jose, cargaron sus cosas en el maletero y siguieron adelante hasta llegar a casa de Luís, que ya esperaba impaciente en la esquina con una simple bolsa de deporte en la mano.

–¿Sólo llevas eso?

–Que pasa tío, ¿no pensarás que me voy a llevar la casa a cuestas?

–No hombre, pero yo que sé, parece poco.

–Venga Ángel, no hables tanto y arranca.

Eran ya las seis de la tarde cuando empezaban el viaje, no sin antes haber hecho un recital de selfies con el móvil para subirlas a las redes sociales. Un momento así había que compartirlo, era importante que el mundo lo conociera.

Hasta el momento todo parecía ir bien, estaban en la autopista a punto de cruzar la frontera, pero a veces las cosas escapan al control que creemos tener sobre ellas. No puede decirse que fuera culpa de nadie, al menos no de los que iban en ese coche, pero enfrente suyo se cruzó un camión que pinchó una de las ruedas del remolque. Ese maldito incidente provocó que aquella bestia hiciera la tijera, hasta que su conductor perdió completamente el control. No hubo mucho tiempo para reaccionar.

La vida está cargada de cosas incomprensibles, de esa aventura quedó constancia en internet con un montón de fotos, mensajes de los amigos y muchos likes, pero entre todo ese amasijo de hierros al final lo único que sobrevivió al fatal accidente fue ese libro dedicado, ese al que Ángel le tenía tanto cariño.

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